¿Cómo lo llevas? Es una pregunta amable que solemos escuchar estos  días. Las circunstancias excepcionales que estamos viviendo ponen a prueba nuestro sistema inmunológico, tanto como nuestros recursos psíquicos.

La población del planeta enfrenta una situación para la que carece de esquemas previos. Si la magnitud del trastorno orgánico de la infección es distinta en cada enfermo, la variación en los efectos emocionales es aun mayor.

Quedan pocas áreas de la vida cotidiana que no estén alteradas. Las interacciones sociales, la economía, la actividad física, la dimensión lúdica y la actividad intelectual por decir poco.

Según las circunstancias, la imposición de la reclusión domiciliaria pone en juego el manejo de la soledad, los vínculos familiares y de pareja o las dos cosas a la vez.

La ausencia de exigencias laborales y distracciones ponen a prueba la riqueza del mundo interior y la capacidad de generar ilusiones y deseos.

En 1994 se estrenó la magnífica película “Cadena Perpetua” dirigida por Frank Darabont con la brillante actuación de Tim Robbins y Morgan Freeman, acreedora a 7 nominaciones al Oscar, y que tuvo la virtud de convertir un relato sobre una historia carcelaria en una alegoría sobre mantener la propia dignidad, pese a todo.

También en el contexto de los manuales de supervivencia en el mar para navegantes, junto con los numerosos trucos suele haber menciones a una cuestión psicológica previa como lo son las ganas de vivir, la tolerancia a la frustración y el mantenimiento empecinado en las iniciativas por estrechos que sean los márgenes de libertad en ciertas situaciones.

En la historia de la psicología clínica siempre han existido discusiones sobre la relación entre lo heredado y lo adquirido y lo endógeno y lo exógeno en la etiología de los síntomas neuróticos.

Por ejemplo, el diagnóstico de depresión endógena se refiere a que está causada por factores internos y no por conflictos con el exterior.

Entre 1916 y 1917, en base a sus observaciones como médico neurólogo, Sigmund Freud dictó una serie de conferencias que se publicaron bajo el título “Teoría general de las neurosis”. En ellas afirmó que la discusión sobre si las enfermedades psíquicas eran heredadas o adquiridas o si el peso de un trastorno se debía poner en la malignidad de un agente externo o en una debilidad interior era demasiado simplista y dejaba muchas cosas sin explicar. Anticipando la comprensión moderna sobre como los factores genéticos y ambientales interactúan en el desarrollo orgánico, Freud presentó un modelo que permite unir la interacción de múltiples factores de la historia individual, que él llamó “Series complementarias”.

Aun hoy, más de 100 años después su modelo sigue teniendo vigencia y permite superar las discusiones sobre la importancia de lo heredado genéticamente y lo adquirido o sobre la importancia de los factores externos como son los acontecimientos traumáticos y la frustración frente a las causas internas como son los mecanismos neuróticos que llevan a un fracaso en la gestión de las experiencias de vida.

La idea es que los factores heredados y los adquiridos durante el período de formación de la personalidad, tanto como la gravedad de los acontecimientos traumáticos y la capacidad para defenderse de ellos, no deben ser investigados como si fueran fenómenos opuestos sino complementarios. Estos factores pueden ser cada uno más débil cuanto más fuerte es el otro, de tal modo que pueden ser ordenados en una serie en la que solo en los extremos habría un solo factor.

Hoy día todo el mundo está familiarizado con el concepto de inmunidad. Un individuo joven y sano puede resistir la agresividad extrema de una gran carga viral como algunos sanitarios que están actualmente en el frente de lucha. En el otro extremo un individuo fuertemente inmunodeprimido puede sucumbir a una agresión mínima.

El modelo de las series complementarias es útil para el diagnóstico del trauma psicológico que nos producen las adversidades externas.

En un extremo están quienes se angustian por un pelo en la sopa. Un ejemplo de este extremo son pacientes que padecen TOC (trastorno obsesivo compulsivo) que viven con fobia habitual a los gérmenes y sufren de inmediato crisis de ansiedad por la cuarentena. En el otro extremo hay pacientes que enfrentan con éxito una catástrofe personal como una quimioterapia. Del mismo modo que, en las actuales circunstancias, muchas parejas y familias podrán encontrar equilibrio y bienestar en el encierro y otras, en cambio, entrarán en crisis por la emergencia de dificultades que estaban encubiertas por la actividad cotidiana.

Puede que por eso las estadísticas de divorcios muestran un aumento significativo en el período postvacacional.

A falta de disponer de un elemento objetivo como el termómetro o las pruebas analíticas que sirven para medir la existencia de la enfermedad vírica, para la psicología clínica la capacidad de generar ilusiones, tener mariposas en el estómago o fabricarse proyectos son indicadores fiables sobre la posibilidad de sobrevivir emocionalmente pese a cualquier cuarentena.

El escritor brasilero Paulo Coelho expresó de una manera muy bella esta idea.

”Cuando todos los días resultan iguales es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida cada vez que el sol cruza el cielo”.

César Kacelnik

Miembro Didacta de AMPP. Publicado en prensa en la Comunidad de  las Islas Baleares durante el confinamiento.

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