Empiezo por decir que yo no tenía vocación de ser psicoanalista cuando empecé a estudiar en la Universidad, no sabía qué era eso, salvo por la literatura, pero lo cierto es que la vida me llevó, poco a poco, hacia este lado…y, cuando lo supe, desde luego, lo elegí… también puedo decir que fue mi deseo inconsciente el que me empujó a serlo…

Terminada la carrera de Psicología hice mi Tesis Doctoral, mientras era docente y durante más de 40 años he impartido clases siempre de Psicología Clínica en la Facultad de Psicología de la UCM y también en Deusto Bilbao, Salamanca…

Respecto a mi formación en psicoanálisis, y haciendo referencia a las 3 patas que siempre nombramos, daré alguna pincelada:

Sobre mi Análisis Personal, puedo decir que he pasado por tres procesos sucesivos de análisis personal, dos de ellos dentro de la IPA, y acabo de comenzar el cuarto…

Sobre el estudio de los textos psicoanalíticos, señalar que he ido siguiendo mi formación “libre” en Teoría y clínica Psicoanalítica. He seguido seminarios de larga duración con Masotta, con M.L. Siquier, con Szpilka, con Arensburg, con Sciarreta, con Sopena, y después con varios de los Didactas de APM., entre otros, y actualmente sigo en formación, claro…!

También he supervisado mucho a lo largo de mi ejercicio profesional, desde que empecé a trabajar con pacientes en Psicoterapia Psicoanalítica primero, y en Psicoanálisis después.

Tengo que aclarar que empecé a hacer todo esto, no porque pensara en ser psicoanalista, sino por un genuino interés en entender algo del inconsciente, del mundo psíquico en general, del mío en particular, y siempre un gran interés por poder transmitir a mis alumnos de la Facultad lo que iba entendiendo y descubriendo, por transmitirles mi pasión por pensar, por conocer, por saber…

Creo que el secreto para hablar tranquilamente de psicoanálisis en una facultad tan conductista como son las actuales de Psicología, -si es que hay algún secreto-  ha residido en hacer un buen uso del lenguaje de la clínica, sin “jerga psicoanalítica” ni lenguaje críptico, que sólo entienden los «iniciados,  de un modo franco, directo y con fallos y agujeros (como diría Rodulfo), con humildad y sobre todo, con mucha pasión por el psicoanálisis, tratando de no despertar más resistencias que las que la propia teoría nos despierta a todos…y manteniendo una excelente relación con profesores y alumnos…

Yo afirmaría que la formación es uno de los problemas importantes del psicoanálisis y que ha sido el motivo central de prácticamente todas las escisiones, rupturas, y disoluciones producidas en el seno de las diferentes instituciones psicoanalíticas, desde siempre.

Pero si hablamos de instituciones, estamos hablando de poder, y si hablamos de poder, tenemos que cuestionarnos la idea de libertad… también en la formación psicoanalítica.

Piera Aulagnier define la formación psicoanalítica como «el conjunto de los procesos de habilitación que conducen a la producción de psicoanalistas». Tanto en sus modalidades institucionales o extrainstitucionales, desde cualquiera de las perspectivas -freudiana, kleiniana o lacaniana -. Y esos procesos son: el psicoanálisis personal, los seminarios teóricos y la así llamada Supervisión clínica.

La clínica psicoanalítica requiere, sobre todo: deseo, tiempo y una buena guía.

Como alguien decía, parece que existe la idea generalizada de que el psicoanálisis personal trata del propio inconsciente, la supervisión del inconsciente del otro, «el paciente», y el estudio teórico del inconsciente en abstracto. Esta división en compartimentos estancos creo que ha favorecido la disociación entre la teoría y la práctica

Yo creo que no hay una «formación ideal, y por lo tanto “recomendada” o “recomendable”. Algunas personas llegan al psicoanálisis personal después de haberse aproximado al conocimiento teórico psicoanalítico. Otras personas lo han hecho al revés, e incluso simultáneamente…

La condición necesaria para llegar a ser psicoanalista es hacer y atravesar la experiencia del análisis propio: en relación al propio inconsciente, al propio deseo.  Analizando también nuestra relación con el analista, con el supuesto saber, y no sólo hasta que cronológicamente se termine, porque el inconsciente sigue ahí, insistiendo, y hay que seguir viviendo y pensando con él, especialmente si se quiere ser psicoanalista.

Pienso que la formación en psicoanálisis, para un psicoanalista, no se acaba nunca, la formación también es interminable. ¡¡Yo diría que afortunadamente!! 

Respecto a las llamadas “tres patas” en la formación del psicoanalista, algunas consideraciones:

Análisis personal: lo entiendo como el único modo que permite lograr una reorganización, un cambio subjetivo. Implica una permanente y radical interrogación sobre uno mismo, para que, sostenidos por la transferencia, logremos acercarnos al ignorado saber de nuestro inconsciente, de nuestro deseo inconsciente, de la verdad del inconsciente.

Y, para el psicoanalista es, como el psicoanálisis mismo, interminable.

Me cuestiono la idea del “análisis didáctico”, y también el término “formación”, en tanto que remiten a la idea de un “analizarse” o «formarse» de una vez para siempre, en «conformidad» con un supuesto modelo ideal, por tanto, como algo acabado o acabable…

También quiero apuntar a la idea de que el Análisis personal me parece una condición imprescindible, pero no una vez, sino varias a lo largo de la vida y en función de las experiencias que vamos viviendo.  Pienso que debemos estar abiertos a darnos un “repaso” con una cierta frecuencia, por nuestro bien y por el bien de nuestros pacientes.

Formación teórica:  También la pienso como imprescindible y que debe ser muy amplia, tanto en Teoría como en Técnica Psicoanalítica o Clínica.

El modo más adecuado me parece en grupos pequeños de estudio, tipo seminario, coordinados por un psicoanalista que haya trabajado previamente la obra de Freud, Klein, Lacan, o del tema específico de que se trate… También creo que es conveniente hacerla con varios “maestros” y desde diferentes conceptualizaciones, modos de expresarse y de entender la teoría y la clínica.

Sabemos que no hay transmisión del psicoanálisis y de la teoría psicoanalítica sin transferencia, y, por lo tanto, sin resistencias; me parece muy importante que éstas puedan emerger libremente y que no las censuren ni el enseñante ni los enseñados.  Se trata de generar una escucha activa y creativa. El grupo como punto de encuentro en el que el coordinador facilita la participación activa, los cuestionamientos y la discusión entre todos los integrantes, para poder elaborar resistencias, soportar las dudas, hacerse preguntas y construir algunas respuestas creativas, todos juntos y desde diferentes perspectivas, alejados de narcisismos y dogmatismos.

Todo esto no excluye la necesidad de mucha lectura y mucho estudio personal.

La supervisión:  Pienso la supervisión como un acto psicoanalítico, no un control. Como un espacio de reflexión sobre nuestra clínica, como un lugar privilegiado desde el cual el psicoanalista se interroga a través de su práctica clínica. También como una disciplina ética y como una postura anti-narcisista.

Podríamos decir que esta perspectiva de la supervisión se centra en el psicoanálisis de la contratransferencia del supervisado y es fundamental para la formación.  Se trata de poder analizar mejor en cada caso y poder detectar los pre-juicios/ los puntos ciegos, que pueden dificultar la práctica clínica del psicoanalista.

También creo muy conveniente y formativo el tener más de un supervisor y poder analizar nuestra clínica desde las diferentes perspectivas de personas a las que hemos considerado como “maestros.

Para terminar, quiero decir que esta experiencia psicoanalítica y esta formación y transmisión rigurosa del psicoanálisis es a la que me ha interesado siempre.

 

También es la que me ha animado a participar hoy aquí con todos vosotros. Y es la que os animo a disfrutar a vosotros también.

 

Y, finalmente quiero felicitar a la AMPP por proponer un programa de formación abierto, complejo, que integra diversas corrientes y modelos teóricos y clínicos, con el objetivo de transmitir el conocimiento del psicoanálisis preservando sus principios teóricos y éticos con rigor y respeto. Todo esto significa, a mi modo de ver, un modo de apertura muy respetuoso con la libertad de cada profesional que quiere participar en nuestra Asociación.  Esa apertura hace de la AMPP una institución muy interesante que se aleja de la yatrogenia que podemos ver en algunas instituciones psicoanalíticas.

Gracias a todos por escucharme.

 

Marina Bueno Belloch

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