Como suele suceder, hacer una síntesis de una intervención pública es más complejo que comunicar toda la intervención. En este caso haré una breve enumeración de los temas que han vertebrado mi colaboración.

Primero señalé que el proceso de creación de la identidad psicoterapéutica es inconsciente y que depende de variables que no se abordarán en esta comunicación.

Partiendo de la complejidad del fenómeno que se le presenta al psicoterapeuta y el de la responsabilidad derivada ante la decisión de intervenir, creo que una de las bases de la formación consiste en el desarrollo de la capacidad de observación del fenómeno clínico.

Uno de los requisitos para una observación es que el terapeuta tolere tanto su propia ignorancia como las defensas del consultante. Reconociendo que “La ignorancia se rellena con conocimiento” (Bion, La turbulencia, p. 226), como ciertas omisiones en las respuestas, a las que Freud considera retenciones inconscientes, esto es que no son intentos deliberados de falsificación, engaño y evasión. Lo propio del consultante es que “las personas vengan hacia nosotros por desesperación, porque, si bien no piensan que pueda hacerse mucho por ellas, se encuentran en un estado de desorden”. (Bion, La evidencia, p. 241). Un desorden a la espera de comprensión.

Observar es una tarea compleja, por eso es necesario tener en cuenta las sugerencias de Freud cuando decía: “Aprendí a restringir mis tendencias especulativas y a seguir el olvidado consejo de mi maestro Charcot: mirar las mismas cosas una y otra vez hasta que empiecen a hablar por sí mismas.” (Bion, 1976, La evidencia, p. 238); por eso es adecuada la sugerencia de dejar a un lado la memoria y el deseo, en tanto la memoria remite a un tiempo pasado y el deseo, remite a un tiempo futuro.

La búsqueda de evidencias para pensar e intervenir es una necesidad para ejercer la labor clínica. Pero existen alternativas epistemológicas para aproximarse a las verdades de la realidad psíquica. Bion (1976, ibídem, p. 241) cree que quien lo aclara es “Francis Bacon, cuando escribió en el Novum Organum: “Existen dos caminos, y pueden ser sólo dos, de buscar y encontrar la verdad. Uno, de los sentidos y lo particular, se eleva hacia los axiomas más generales y de esos principios y sus verdades, establecidos de una vez y para siempre, inventa y enuncia axiomas intermedios. El otro camino obtiene los axiomas de los sentidos y lo particular, ascendiendo continuamente y paso a paso, de modo que al final llega a los axiomas más generales; este último camino es el verdadero.”  Una frase sintetiza la necesidad de la síntesis de la observación desde lo particular a lo general y desde lo general a lo particular, me refiero a la célebre frase de Kant: “Las intuiciones sin conceptos son ciegas; los conceptos sin intuición están vacíos”. Con estos conceptos hago referencia a los problemas derivados de una formación basada en el practicismo (la teoría no importa; Freud y Klein están superados) o en el intelectualismo (se sabe la teoría y se la aplica a la observación). Por eso creo oportuno recoger el comentario de Money-Kyrle (1965, pp. 389/390) cuando hizo la recensión de Elements of Psycho-analysis (Bion, 1963); allí destacó dos recursos esenciales para realizar la tarea psicoanalítica: “…el conocimiento de un adecuado número de teorías psicoanalíticas y una observación precisa. Para la primera, Bion cree que con pocas teorías sería suficiente, siempre que estén formuladas con suficiente generalización (ver Learning from Experience). […] La importancia de una observación precisa es, por tanto, de primera importancia”.

Un modelo adecuado para la formación del psicoterapeuta es la que Meltzer (1971) propone con el sistema del Taller, donde los aprendices comparten tiempo y dedicación con el maestro artesano que va introduciéndolos en el oficio.

Creo que es necesario que los estudiantes adquieran un conocimiento basado en experiencias reales observando en guarderías, en escuelas, en hospitales psiquiátricos, en plazas públicas y en instalaciones deportivas, además de la misma observación de bebés. 

La insistencia en la necesidad de aprender a observar surge del convencimiento de que la interpretación y la captación del significado surgen de la observación cuidadosa y desprejuiciada. Así lo expresaba Meltzer (2000, p. 79) en una ocasión: “Una de las cosas que nos enseñaba Mrs. Bick era que el significado de la conducta de los bebés y niños no era obvio. Es cuestión de interpretación, y la interpretación es algo que surge de la observación cuidadosa. El significado de la conducta de un bebé viene al observador como una intuición que surge al comprender lo que le está pasando al bebé […] La lección es que la actividad del analista no es primariamente la interpretación; primero de todo es la observación y la descripción.”

Por último, en esta síntesis, hice referencia a qué se ha de observar y en qué consiste la interpretación; haciendo mías las palabras de Meltzer (ibídem) diré que se ha de interpretar todo lo que se presenta ante nosotros durante la misma observación; por tanto “todo lo que es visible en la habitación es susceptible de interpretación, y por interpretación, por supuesto, quiero decir principalmente descripción. La interpretación del significado está tan implícita en la descripción que realmente no es una cuestión aparte”. Se llega así a una afirmación esencialmente bioniana: la interpretación es una descripción, aunque no toda descripción sea interpretación. La descripción de la observación de bebés no es una interpretación porque lo propio de la interpretación psicoanalítica es la descripción en la transferencia-contratransferencia, observable en la relación analítica.

 

Bibliografía

Bion, W. R. (1976): “La evidencia”, Seminarios clínicos y Cuatro textos, Bs. As., Lugar ed., 1992.

Bion, W. R. (1976): “La turbulencia”, ibídem.

Meltzer, D. (1971): Hacia un sistema de taller”, Sinceridad y otros trabajos, A. Hahn, editor, Bs. As., Spatia ed., 1997, 269-273.

Meltzer, D. (2000): “Acerca de signos y símbolos”, Rev. Intercambios. Papeles de psicoanálisis, Barcelona, 2005, pp. 77-82.

Money-Kyrle, R. (1965): Review”, en Colleted Papers of Roger Money-Kyrle, D. Meltzer editor, London, Karnac Books, 1978, pp. 389-396

Carlos Tabbia

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