En primer lugar, me gustaría agradecer a mis profesores por haberme propuesto y pensar en mí para hacer esta presentación.

Me ha resultado más difícil elaborar estas notas, que desarrollar la presentación. No sólo por la dificultad de sintetizar una comunicación verbal, como apuntaba Carlos, sino porque, como expresa la locución latina: Verba volant, scripta manent.

Mi exposición va a ser menos fundamentada teóricamente que mis precedentes. Por mi etapa del ciclo vital, voy a hablar más desde mi experiencia personal y mi vivencia, que, desde mi saber, que aún está en construcción, y así continuará, espero.

A continuación, voy a pasar a hacer una exposición de las cuestiones que he ido descubriendo a lo largo de mi formación y que considero útiles para el desarrollo de mi práctica clínica y mi desarrollo como profesional de la psicoterapia psicoanalítica. Son cuestiones que uno no aprende en un manual, si no que forman de un proceso de incorporación, principalmente inconsciente, fruto del complejo entramado que forman la interacción entre la propia experiencia, el propio análisis personal, la formación teórica y la supervisión. Estas tres patas: la formación, la supervisión y el análisis, aunque separadas para posibilitar su comprensión y distinguir sus funciones, no son entidades estancas, si no que los aprendizajes de una se entrelazan con los aprendizajes de las restantes, dando lugar a una serie de insights que, conjunto con la propia historia del terapeuta irán conformando a lo largo de toda su vida su manera de entender el mundo psíquico, que posibilitará el poder acompañar a otros a descubrirlo, en un proceso absolutamente personal y subjetivo.

Tenía un profesor que decía: “cuando uno es pequeño uno cree que las lentejas de tu casa son las universales”. Es cuando uno sale a casa de los amigos cuando se da cuenta de que existen otra forma de hacer las cosas, y a través de lo otro, uno aprende también qué es lo de uno. A través de esta exposición, voy a intentar exponer cuáles son los ingredientes que, en mi experiencia, configuran las lentejas de mi visión sobre la psicoterapia:

Tolerar no saber

Se necesita tolerar altas dosis de incertidumbre al inicio. Y creo que realmente esto puede ser algo que disuada a muchos compañeros de ejercer la profesión en el ámbito clínico, porque esta incertidumbre, escuece, pica y es difícil de manejar.

Este es un periodo en que uno se siente absolutamente desbordado. Sin saber dónde prestar atención y con qué quedarse en este inunde del discurso que nos trae el paciente. El despliegue fenomenológico del paciente es inacabable y nos perdemos en los detalles. Sin embargo, la formación va configurando un mapa mental, donde uno puede llegar a escuchar no solo lo que el paciente dice, si no lo que no dice, y más allá del infinito abanico de manifestaciones sintomáticas, acceder a lo fundamental, a la verdad del sujeto.

La formación como proceso personal y no como mera adquisición de conocimientos.

Para mí la formación no consiste en una adquisición de conocimientos en el sentido de antes no sabía algo y ahora sé, si no en un proceso experiencial en el cuál lo que adquieres es una nueva forma de ver el mundo y eso lleva su tiempo. El psicoanálisis ayuda a pensar las cosas de manera diferente. A adquirir nuevas perspectivas desde la cuál observar y pensar el mundo psíquico. Creo que es esta característica la que convierte la formación en psicoterapia en un proceso continuo, donde no se distingue un inicio y un final. El entrenar y mantener la habilidad de, una vez haber entendido las cosas de una manera, volver a darles una vuelta, y una vez entendida de otra, darles un giro más es lo que confiere a la experiencia analítica su carácter dinámico y no estático. Por eso es importante, como argumentaba Marina, hacerlo con distintos maestros que aporten distintas perspectivas de entender la teoría y la clínica.

La importancia del encuadre

El encuadre es el cauce por donde fluye el análisis. La relevancia del encuadre es algo que se va experimentando sobre la marcha, precisamente fruto de no dar importancia al encuadre al principio. Te pueden repetir mucho que mantener un cierto horario, o mantener unas ciertas condiciones de pago, etc., es importante, por esto, por esto y por esto. Pero no es hasta que uno se lo salta, no por desobediencia si no a veces, por incapacidad, ¿quién le pide a un paciente los honorarios de una sesión que ha faltado, si casi cobrar por lo que haces ya te parece una proeza? No es hasta ese momento, que uno se salta el encuadre que uno se da cuenta de la importancia que el mismo tiene.

Empeorar no significa estar peor

Ahora voy a exponer una cuestión que ha sido de gran interés para mí y de gran avance en mi práctica. Es una cuestión que escapa a la lógica a la que estamos acostumbrados.

Pronto aprendí en mi primer análisis, que comencé a los 18 años que para estar bien uno necesitaba atravesar por ciertos momentos de estar mal antes y que uno se enfrenta a cuestiones que son difíciles y molestas. Este aprendizaje fue fruto de mi propia experiencia y no de ninguna adquisición teórica. Y eso que para mí se convirtió en mi más natural me di cuenta de que no para todo el mundo era así. Muchas personas esperan estar bien sin recorrer el camino y la decisión de ir al psicólogo es concebida con el fin del sufrimiento, del sufrimiento del síntoma, como si fuera algo que se pudiera extirpar como algo ajeno a nosotros. Los pacientes presentan a veces como retrocesos situaciones, que son grandes avances en su desarrollo personal y emocional.

Pero no sólo entre los pacientes, entre los profesionales a veces se evalúa como fracaso situaciones que, en mi opinión, son indicios de logro.

La contratransferencia. Que nos trae de cabeza

Poder identificar lo que el paciente nos hace sentir y no actuarlo, por un lado, pero tampoco ignorarlo, que estaría en el otro extremo, si no tomarlo como una fuente de información de lo que el paciente quiere transmitir. Al considerarla ésta como un contenido valioso, uno deja de percibir la contratransferencia como una molestia de la que hay que librarse y pasa a construirse como una forma más en la que el paciente se comunica, siendo, además, una de las más importantes.

Miedo a que el paciente se vaya

En los comienzos, no distinguimos muy bien cuando alguien se va, qué parte corresponde a la praxis de uno y qué parte corresponde a que puede no ser el momento del paciente. Con el tiempo, uno puede sentirse más cómodo en lo que propone y puede tolerar la frustración de que alguien no se quede, sin tener herido nuestro narcisismo y puesto en duda nuestra profesionalidad. Por otro lado, bien es cierto, que, a medida que uno gana en experiencia, los pacientes se van menos. Y es que es cierto, que cuando uno comienza a ver su verdad, como comentaba Mari Carmen, uno ya no puede cerrar los ojos ante ella.

Furor sanandis

Relacionado con lo anterior, con el tiempo, también se va bajando la fiebre del furor sanandis. En un inicio uno quiere tener respuestas para todo y saberlo solucionar, y quieres hacer las mejores interpretaciones y comprender todo lo que le ocurre al paciente. Con el tiempo, acompañado de todos los aspectos que componen el formarse, uno tolera el no saber, el descubrir a la misma vez que el paciente.

En la misma dirección se encuentra la tendencia a buscar el cambio a toda costa. El paciente, que sufre, lo que quiere es ver cambios rápidos, y nosotros nos vemos impelidos a colocarnos en ese papel: ayúdame a cambiar. Sin embargo, es más importante poder a ayudar a la persona a entender por qué le ocurre lo que ocurre, y poder pensar sobre para qué necesita el síntoma y desde la comprensión poder colocarse de otra forma en un proceso en el que la persona que empieza el análisis no es la misma que terminó, pero en la que el cambio proviene, no de grandes transformaciones externas, si no de un mayor contacto con el mundo interno.

Customer is always right

Este es el mayor reto con el que nos encontramos hoy en día. Nuestro trabajo es difícil porque va en contra de las tendencias sociales y por eso es, a la vez, tan necesario. Yo pienso que hay mucho trabajo por hacer y que no debemos dar por hecho la supervivencia del psicoanálisis, como decíamos el otro día, pero en la medida en que la sociedad avanza hacia modelos de satisfacción más inmediata, de no reflexionar, del ahora, más necesario veo aún nuestro trabajo para dar respuesta a la insatisfacción que precisamente este tipo de vida genera. Nuestro trabajo siempre va a tener un sitio en la medida en que la gente sufre y necesitan de alguien que sea honesto y no acepte sin cuestionar todo lo que la persona proponga. Aunque cada vez se haga más difícil, es a la vez, cada vez más necesario, por infrecuente.

Me gustaría terminar estas notas agradeciendo a los ponentes que han participado antes de mí, que me han servido de inspiración y he podido apoyarme en ellos.

Ainara Aguirre Narros

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